lunes, 15 de marzo de 2010

Congreso de Viena, la restauración y la lucha entre liberales y monarquistas




La Restauración y la lucha entre liberales y monarquistas


Entre 1814 y 1815, los representantes de las potencias europeas que habían vencido a Napoleón, pretendieron terminar con la situación creada por la Revolución francesa y el Imperio napoleónico, mediante la Restauración de los principios monárquicos del Antiguo Régimen, es decir, del absolutismo.

Reunión del Congreso de Viena donde los representantes de las potencia europeas que vencieron a Napoleón decidieron como ordenar el continente europeo

Estos principios que trataron de implantar por la fuerza y con dificultades, no lograron erradicar los ideales de la Revolución francesa ni frenar los cambios ocasionados por la Revolución Industrial, ya que habían impregnado profundamente la mente y forma de vida de gran parte de la población europea. Principalmente la burguesía no aceptó la vuelta al Antiguo Régimen y en muchos países seguían manteniendo sus reivindicaciones liberales, basadas en el constitucionalismo y la soberanía nacional, en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, y en la división del Estado en tres poderes independientes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Así, el enfrentamiento de estas dos posturas, la monarquista y la liberal, aunado a la arbitraria división geopolítica de los Estados europeos y la imposición de gobernantes sobre distintos pueblos, ocasionó el resurgimiento de movimientos nacionalistas con tendencias independentistas o unificadoras que, junto con el auge del liberalismo con sus diferentes tendencias moderada y democrática, llevó a Europa a una nueva etapa revolucionaria, la cual comenzó en 1820 y fue adquiriendo más fuerza en los movimientos de 1830 y 1848.

La Restauración

Después de la derrota definitiva de Napoleón, los monarcas absolutos del continente europeo buscaron regresar a la etapa anterior a la Revolución francesa, lo que significó la supresión de las medidas sociales, políticas y económicas dictadas por los ideales revolucionarios del siglo XVIII, principalmente las referentes a las constituciones y al postulado de la soberanía nacional, para dar paso otra vez al poder ilimitado de los reyes, devolver a la nobleza y al clero sus privilegios, reconstruir el mapa de Europa que había sido desfigurado por las conquistas y anexiones ocasionadas por la guerra, y replantear la vida internacional con base en un sistema de seguridad conjunta y equilibrada que no permitiera más revoluciones ni intentos de cualquier país por lograr la hegemonía continental.

El conjunto de estas medidas conocido con el nombre de Restauración, fue un ideario que afectó a la mayoría de los países europeos durante más de 20 años y cuyos principios fueron aprobados en el Congreso de Viena.

El Congreso de Viena

Después de todos los trastornos causados por las guerras napoleónicas, los principales monarcas de Europa se reunieron en Viena bajo la dirección de las potencias vencedoras: Austria, Gran Bretaña, Prusia y Rusia, donde se celebró un Congreso para liquidar los innumerables

problemas internacionales. Estuvieron en el Congreso soberanos reinantes y representantes plenipotenciarios de príncipes o Estados desposeídos que reclamaban la restitución de sus dominios.

El Congreso se inauguró en octubre de 1814, y entre fiestas y recepciones duró hasta el 8 de junio de 1815, cuando se firmó el acta final. Además del zar Alejandro I de Rusia, los personajes más importantes fueron el canciller austriaco Metternich y el ministro de Asuntos Exteriores francés Talleyrand.




MetternichTalleyrandAlejandro I

Durante las reuniones del Congreso, hubo largas discusiones sobre diferentes temas, entre ellos dos aspectos fueron los más relevantes:

• Establecer los principios teóricos que rigieron el periodo de la Restauración.

• Reorganizar el mapa de Europa.

Principios teóricos de La Restauración

Las grandes potencias definieron en el ámbito de la teoría política los principios para definir el verdadero orden que debía prevalecer en Europa frente a los excesos y desviaciones producidas por la etapa revolucionaria de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Estos principios fueron:

Legitimidad: Sólo tenían derecho a estar en el poder aquellos a los que Dios había elegido por su herencia real, por lo que no importaba si eL gobernante no fuera de La misma nacionalidad que sus súbditos. Esta legitimidad monárquica llevó de regreso al trono a las dinastías reinantes antes de 1789 especialmente a tos Borbones en Francia.

Absolutismo: Al obtener el. monarca su poder de Dios, no debía ser frenado por ninguna Constitución ni el principio de soberanía nacional.

Equilibrio: Fue un principio de inspiración británica que impedía la expansión de una potencia a costa de otros Estados, con la finalidad de evitar conflictos en Europa.

Intervencionismo: Las potencias se comprometían a intervenir en aquellos territorios que, perteneciendo a otra potencia, surgieran movimientos populares que pusieran en peligro los otros principios señalados. Esto condujo a un sistema de alianzas y la realización de congresos.

Congresos: Fueron foros donde se discutieron las formas de resolver los conflictos internacionales y evitar que se empleara el recurso de la guerra para resolver disputas entre naciones. Éste fue un principio que tuvo una enorme repercusión en la diplomacia internacional.

Asistieron al Congreso quince miembros de las familias reales, doscientos príncipes y doscientos dieciséis representantes de misiones oficiales. Durante su celebración se realizaron numerosos festejos, recepciones, bailes, conciertos y banquetes, creando un ambiente frívolo en el que se desarrollaron intrigas políticas y de espionaje.

Los representantes de las pequeñas potencias solo conocieron esta faceta del Congreso, porque las decisiones importantes eran tomadas por exclusivamente por Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia. Francia pudo influir gracias a la habilidad política de su representante Talleyrand.

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